El Museo del Estanquillo / Colecciones Carlos Monsiváis presenta De San Garabato al Callejón del Cuajo. Exposición que ofrece un homenaje a dos de los grandes ilustradores de la vida cotidiana, social y política de nuestro país: Gabriel Vargas con su inolvidable Familia Burrón y Eduardo del Río Rius, con  Los Supermachos.
A través de los años, la historieta en México ha experimentado grandes cambios, ha gozado del éxito de momentos cumbre, pero también ha padecido la decadencia y la censura. En su época de mayor auge, el público nombro las historietas como “revistas de monitos” de ahí que al paso del tiempo los caricaturistas se le conocieron como “moneros”.
Existen muchas historietas que se crean y al poco tiempo salen del mercado, hay otras que perduran con el paso del tiempo y sus personajes van quedando en la memoria de las personas, lo que permite que hasta nuestros días se recuerden nombres y situaciones y ser transmitidas a otras generaciones, como es el caso de los personajes creados por Gabriel Vargas y Eduardo del Río.
La exposición temporal De San Garabato al Callejón de Cuajo,  se divide en dos partes, en el primer piso, se presentan los siguientes temas: una semblanza a la trayectoria de Eduardo del Río, paisaje rural, sus personajes Los Supermachos, Los Agachados y, así como la importancia de la revolución y la guerra cristera en nuestro país.
El segundo piso se divide, en la trayectoria de Gabriel Vargas, su pasión como cronista de la ciudad, sus personajes y el paisaje citadino, la vecindad y el barrio.
A lo largo de la exposición los visitantes pasarán de las escenas del campo creadas por Rius a los escenarios de la ciudad de Gabriel Vargas, mediante caricaturas, fotografías, dibujos, pinturas y marionetas, entre otros objetos, se presenta un universo de similitudes y diferencias de  idiosincrasia y problemática de los habitantes del México rural y de aquellos personajes que habitan en la ciudad.

La exposición sugiere un recorrido por la historia de la vida cotidiana del siglo XX, los primeros años siglo XXI, tratado con sentido del humor, giros ingeniosos en el lenguaje; personajes entrañables, que nos hablan de la rebeldía como la Borola Tacuche de la Familia Burrón, o la tranza como una de las técnicas para aferrarse al poder, como Don Perpetuo del Rosal, cacique del pueblo de San Garabato.
A través del recorrido podremos ver el dialogo que existe entre Vargas y Rius con otros artistas que han retratado la vida cotidiana de de la ciudad como Hugo Breheme, Leopoldo Méndez, Manuel Álvarez Bravo, Carlos Blanco, Agustín Jiménez, Alfredo Zalce, Abel Quezada, y José Guadalupe Posada por mencionar  algunos.
Con motivo de esta exposición Rius incursiona en el muralismo, plasma en un mural a varios de sus personajes que podrán ser admirados a partir de 23 de noviembre y por primera vez se exhibirá el dibujo Día del Tráfico, elaborado por Gabriel Vargas cuando contaba con 13 años de edad.

Como parte de los Servicios educativos en el recorrido se podrán encontrar espacios interactivos que permitan a los visitantes aproximarse, apreciar y conocer, a partir de estrategias y herramientas didácticas la importancia de la historieta mexicana y de algunos de sus creadores: Gabriel Vargas y Eduardo del Río Rius.
A partir del mes de enero, el museo impartirá talleres y actividades específicas vinculadas a la exposición, así como material impreso para apoyar su recorrido en salas.
Un merecido homenaje a dos historietistas que se han convertido en cronistas gráficos  populares y que son actualmente tesoros vivientes y que enmarcan el primer aniversario del Museo del Estanquillo / Colecciones Carlos Monsiváis.


 

Breve semblanza de Gabriel Vargas García
Nace el 27 de febrero de 1918 en Tulancingo, Hidalgo. En 1927 gana un concurso de dibujo infantil en Osaka, Japón y en 1930 recibe una beca por parte del gobierno mexicano para estudiar en París, después de que Alfonso Reyes viera sus dibujos Día de Tráfico y Construcción de la Catedral.  No quiso ir a Francia, por la difícil situación económica que atravesaba su familia; a cambio solicita una recomendación para un empleo.  Así, a la edad de 13 años entra a trabajar como ilustrador a Excélsior.

Su obra de mayor trascendencia es la historieta La Familia Burrón, en la cual, con su ingenio creador, cobran vida más de 60 personajes como la sofisticada Borola Tacuche, el bien centrado peluquero Regino Burrón o el pepenador Susano Cantarranas. Vargas ha retratado la vida urbana de México por más de 60 años, de forma inninterrumpida. Es una de las referencias más importantes de este arte dentro de la cultura popular de México.


Entre otros reconocimientos, en 1983 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo de México, sin embargo, la popularidad que ha mantenido La Familia Burrón, desde que apareció por primera vez en 1937, es un reconocimiento singular en latinoamerica.  Semana a semana llega a los puestos de periódicos la historieta, bautizada por Gabriel Vargas, La Familia Burrón aludiendo a las extenuantes jornadas laborales que cubrimos gran parte de los mexicanos, es decir,  trabajamos  “como burro”.

La Familia Burrón nos introduce en la vida de una familia que vive en una vecindad ubicada en el Callejón del Cuajo en la ciudad de México; aborda desde las diversas posiciones de los personajes temas relacionados con la vida política, económica, social y cultural del país: así roza extremos y transita de la honradez a la corrupción, de la riqueza a la pobreza.

La variedad de los protagonistas y el perfil tan definido de cada uno, así como todas las cosas que suceden a diario y que construyen “la realidad nacional”, aunados a su creatividad y agudeza, son quizá los elementos que han permitido que a pesar de que La Familia Burrón cuente con miles de números publicados, las historias de cada ejemplar sean siempre nuevas y desbordantes de inteligencia, ingenio, ironía y buen humor.

La trayectoria de Vargas es larga y difícil de resumir: en los años treinta desarrolló historietas como el Caballero Rojo, Frank Piernas Muertas, La vida de Pancho Villa, Virola y Piolita; pero el éxito llega, crea a Don Jilemón Metralla y Bomba, personaje principal  de la tira Los Superlocos.

De él, Monsiváis ha escrito: “Es enorme la aportación de Gabriel Vargas, quizá la mejor posible, al lenguaje coloquial en México.  A su recopilación del habla popular no la limita la mera fidelidad de quién transcribe.  Anticipa, inventa, imagina, borda sobre las palabras.


Breve semblanza de Eduardo del Río

 Nace en Zamora, Michoacán, 1934. Un año después de su nacimiento y tras la muerte su padre la familia emigró a la ciudad de México. Estuvo siete años interno con los Salesianos, estudiando para sacerdote. Autodidacta, inició su carrera en 1954 en la revista Ja-Já y desde entonces ha colaborado en los principales diarios y revistas de México. Autor de dos historietas: Los Supermachos y Los Agachados, revistas de finales de los años 60. Ha publicado más de 100 libros y ha ganado innumerables premios nacionales e internacionales.
Los libros de Rius son característicos por ser escritos de manera informal, ilustrados con sus propias caricaturas y con recortes de obras artísticas de otros autores, muchas veces intervenidas. Utiliza un lenguaje sencillo y coloquial. Su estilo es crítico e irreverente con temáticas de diferente índole, como son historia, filosofía, religión, y medicina popular con propósitos de divulgación.

 

En sus obras tempranas; Los Supermachos y Los Agachados, las series de historietas que le dieron al principio su fama, creó un universo sociopolítico que pretendía ser una parodia del México posrevolucionario. Si en Los Supermachos la acción ocurre en el pueblo de San Garabato en el que un indio ilustrado e irreverente Calzonzín es el principal vehículo de crítica y humor, en "Los Agachados" el escenario es un pequeño pueblo llamado San Chente del Baúl. Donde conviven el cacique local, jefe del PRI en la entidad, el corrupto jefe sindical, el servil presidente municipal, el cura oscurantista y sus conservadoras devotas, un tendero español y ocasionales inversionistas gringos ávidos de hacer dinero a costa de todo y de todos. Como personajes centrales Rius, alternó a un maestro de escuela y a un indio irreverente, inteligente aunque esta vez inculto Nopaltzín cuya misión era ridiculizar y denunciar los excesos, la hipocresía y la corrupción del sistema político mexicano. Ello, desde luego, haciendo referencias constantes a la actualidad de entonces y escenificando a un pueblo que es lo que es más por ignorancia y explotación injusta que por necesidad histórica.
En cada número, los acontecimientos narrados en sus historietas son la excusa para precipitar una revisión de algún episodio de la historia de México y el mundo o bien temas más generales, desde la figura de Galileo, hasta los pormenores de la era espacial. Allí se consolidó el formato único que tomaría después la obra de Rius: verdaderos intentos de usar a la caricatura y al humor para educar, politizar y despertar conciencias.
En los años noventa,  se ha desarrollado como cofundador de revistas de caricatura y crítica política, como El Chahuistle y luego El Chamuco ha mantenido una constante crítica. Ahí ha colaborado de cerca con otros caricaturistas mexicanos como El Fisgón, José Hernández, Patricio, Jis, Trino y Helguera entre otros. Sobre todo, ha explorado caminos cada vez más variados para educar haciendo reír. Anticlerical, antirracista, anticapitalista, antinorteamericano, Rius sigue siendo lo que siempre fue: un caricaturista mexicano siempre ocurrente y sumamente simpático.



De San Garabato al Callejón del Cuajo
, no sería posible  sin el apoyo de la Secretaria de Educación Pública y de Casa Rémi Matin. La exposición abre a partir del 23 de noviembre de 2007, estamos seguros que el público disfrutará de de una muestra llena de recuerdos, historias y personajes que forman parte de la vida cotidiana de no solo de la ciudad de México sino del país y más allá de sus fronteras.

Para mayor información dirigirse al Departamento de Difusión con Ana Laura Jaso
55 21 30 52 ext 103
Isabel la Católica N° 26
Col. Centro